A veces los sueños se hacen realidad

22 ago 2022 · 4 mins

Hoy se cumplen dos meses desde la implantación de mis estimuladores neuronales.

Si, ya sabes, esa operación que me ha convertido en una especie de cíborg, instalando en mi cerebro tres antenas de radio, y que intenta frenar y mitigar los “efectos secundarios” de ser un parkinsoniano.

Aquel día, me desperté tumbado en medio de una habitación desconocida, medio desnudo y conectado a un gotero que, poquito a poco, iba introduciendo en mi torrente sanguíneo pequeñas dosis de una mezcla de analgésico y de antibiótico. De tanto en tanto, una máquina insuflaba aire en una especie de flotador que me atrapaba el brazo hasta casi estrangularlo, obteniendo el valor de mi tensión arterial, y que yo acababa leyendo en un display digital, donde también se mostraban mis constantes vitales y pulsaciones, rítmicas y acompasadas.

En medio de aquella somnolencia, que ríete tú del despertar de los protagonistas de “Resacón en Las Vegas”, y después de contestar todos los mensajes de ánimo que la gente me iba dando por WhatsApp, me puse a mirar YouTube por la televisión de la habitación, intentando no preocuparme demasiado por lo que me iba a deparar el destino.

Después de lograr conectar mi móvil al televisor, para poder utilizarlo como control remoto, y víctima, probablemente, de los efectos delirantes de la anestesia, comencé a visionar entrevistas hechas a los integrantes de “Un pingüino en mi ascensor” y videos de sus actuaciones, con la idea peregrina de emularlos algún día, a mandos de mi teclado musical, ya sin temblores, como ya relaté en el post anterior, que, como viene siendo costumbre desde que empecé a escribir en este diario, cuelgo en Facebook y Twitter, utilizando el pseudónimo de MouseHelper, con la esperanza de dar a conocer ese dichoso invento, - Mouse Helper, para que llegue a toda la gente que lo necesite.

Al mismo tiempo, en una especie de universo paralelo, y mientras los médicos y yo intentábamos acertar con la configuración idónea de mi estimulador neuronal, mi amigo y antiguo vecino Alberto (más conocido con el pseudónimo de Serpientes Setentaydos en el inframundo digital), estaba moviendo los hilos para que, sin yo saberlo, fuera el encargado de tirar el cohete anunciador del comienzo de las fiestas de mi amado y bien querido pueblo, Ansoáin, mandando una instancia al ayuntamiento:

Instancia Ayuntamiento Ansoáin

Como decía al principio, han pasado ya dos meses desde la operación, en los que he conseguido caminar sin bloqueos y recuperar mi sueño, profundo y reparador, libre de pesadillas.

Y, lo mismo que mi post de Twitter, - el del teclado musical-, ha sido contestado por José Luís Moro (voz y artífice del grupo) de esta manera tan amable:

“Querido Antonio, a Mario y a mí nos ha emocionado tu historia. Sólo puedo decirte que has elegido muy bien el teclado. Sin ir más lejos, es el mismo que me traigo cada verano a mis vacaciones gallegas por si se me ocurre alguna tontería que componer. Un abrazo y no dejes de luchar”.

Un pingüino en mi ascensor

Y la instancia de mi vecino ha sido admitida a trámite, convirtiéndome oficialmente en uno de los cinco candidatos para lanzar el cohete….

… estoy seguro, segurísimo, que los médicos acertarán, y que mis temblores cesarán, cumpliéndose ese dicho que dice que, a veces, los sueños se hacen realidad.

¡Gracias!

A veces los sueños se hacen realidad
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