¡Pa'lante, siempre pa'lante!

22 jun 2022 · 5 mins

El zumbido del teléfono móvil, intentando escapar del destierro al que lo había condenado unas horas antes, abandonándolo encima de la mesa, reclamó mi atención, sacándome de ese letargo somnoliento que me producen los efectos secundarios de la medicación, cuando ya, por fin, hace su función.

Después de unos segundos intentando enfocar la vista, y después de maldecir el día en el que el Destino, no contento con mi astigmatismo, se decidió a obsequiarme con una buena dosis de presbicia, al fin conseguí distinguir lo que ponía en la pantalla.

  • Neurlogía CUN

Al reconocer el nombre, corrí a descolgar el dichoso aparato:

  • ¿Sí?
  • Hola buenos días, soy Nora, la enfermera del doctor Guridi - me dijo una voz ya familiar para mí.
  • Le llamaba porque hay un hueco para adelantar la fecha de su cirugía, para este mismo jueves - continuó mientras yo no podía contener un gesto de alegría, al tiempo que le respondía afirmativamente.

Hacía prácticamente un mes de mi intento fallido de operación, y no más de quince días desde que Jesús, mi compañero de fatigas, uno de mis camaradas parkinsonianos, del grupo de jóvenes de la asociación, había dado un pasito más en esta especie de carrera por etapas en las que se estaba convirtiendo esta aventura de la implantación de los estimuladores neuronales.

Jesús es una persona que se dedica a realizar proyectos para el “tercer mundo”, y que, como el dice, ha perdido la cuenta de los años que lleva siendo un parkinsoniano. Lo conocí en la primera reuSnión del grupo de jóvenes, junto con Ana y Enrique. Enrique, por motivos que no vienen al caso, dejó de asistir a las siguientes reuniones, así que nos quedamos sólo los tres, hasta que, poco a poco, con los años, se han ido uniendo más componentes al grupo. Para mí, como a todos los que asisten por primera vez a una de estas reuniones, conocer a alguien como Jesús, alguien que llevaba más tiempo tiempo que tú, era (y es) muy importante. Por fin reconoces a alguien “de tu misma especie”, alguien que entiende perfectamente lo que te pasa, y que además te puede aconsejar.

Aquel primer día, como después muchas otras veces, Jesús llegó tarde, excusándose en que había perdido la noción del tiempo, absorto en ese agujero negro que es su trabajo, mientras no paraba de temblar y yo me veía reflejado en él como en un lago cristalino.

Como decía, después de mi intento fallido, le tocaba el turno a él.

Unos días antes de su operación hablamos por teléfono, contándole yo lo más detalladamente posible todo lo que había vivido, medio en broma, para quitarle hierro al asunto. Para entonces ya sabíamos que la operación iba a ser muy exigente, física y mentalmente; Que duraba unas cinco horas, en las que te mantienen sedado, aunque consciente, porque en todo momento deben comprobar si dejas o no de temblar, y si tu cuerpo responde correctamente.

Y, cuando por fin llegó el día… pues que decir. Sólo que sé perfectamente como se debió sentir el astronauta Michael Collins, a bordo del módulo de mando Columbia, mientras desaparecía en la cara oculta de la Luna y dejaba atrás a sus compañeros Neil Armstrong y Buzz Aldrin, recién alunizados, correteando por su superficie.

Pasaron un montón de interminables horas, hasta que Marga, la compañera de Jesús, por fin escribió un mensaje en su nombre, en nuestro grupo de WhatsApp:

  • Querido Antonio, queridas compañeras, queridos compañeros: Antonio vuelve a la cabeza de la carrera.
  • Hoy me han bajado a quirófano pero no han podido acabar la operación porque he tenido un problema con la respiración (una cosa muy rara que no suele ocurrir y que ha podido tener que ver con la postura y con que a veces tengo apneas cuando estoy durmiendo).
  • Quedo a la espera de nueva fecha igual en julio o agosto.
  • Ánimo Antonio que no hay quien te quite el puesto!!!
  • Un beso gordo y muchas gracias por todo vuestro apoyo.

Pocos días después, ya con más fuerzas, Jesús me llamó por teléfono, contándome con pelos y señales todas sus experiencias, algo que agradecí y agradezco enormemente, recordándome, nuevamente, nuestro primer encuentro.

Y así, como si nada, llegamos al día de hoy, 22 de junio de 2022, día de mi ingreso.

Me encuentro tecleando esta entrada, sin poder parar de temblar, sentado en un butacón, intentando a la vez contestar los mensajes de ánimo y llamadas de apoyo, sin dejar de pensar en que Jesús también lo conseguirá, y con una sola idea fija en mi mente para mañana:

  • ¡Pa’lante, siempre pa’lante!
¡Pa'lante, siempre pa'lante!
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