La mejor medicina

6 may 2017 · 2 mins

Hace tiempo que no escribo nada.

Durante este tiempo he visitado dos veces al médico. La primera vez me prescribieron un medicamento para que mis neuronas sanas generen más dopamina. Me lo tomé y me dio esperanza. La segunda vez de nuevo otro medicamento, esta vez para que los receptores nerviosos capten más de la misma. Lo digerí con escepticismo.

He pasado del todo al nada, como un mar revuelto con sus olas embravecidas.  La calma todavía no ha llegado. Pero sé que algún día llegará.

Mi cuerpo ha ido cambiando. Mis ojos son mucho más sensibles a la luz hasta el punto de producirme vértigos. El brazo “sano” hay veces que me duele horrores y empieza a “hacer cosas raras”. Una de mis piernas se empieza a agarrotar. Mis movimientos son más lentos…

Muchas veces siento rabia. Rabia física porque mi cuerpo no para de temblar o no reacciona como yo quiero. Pero también rabia mental. Mi cabeza está llena de sueños que no he cumplido y que me gustaría realizar.

En honor a la verdad, todo no es tan negativo. El vaso se ve medio lleno o medio vacío. Y yo quiero verlo lleno. Completamente lleno.

La rabia física la combato con ejercicio. Y la rabia mental con la mejor medicina: La amistad, dispensada en varias presentaciones. En cápsulas pequeñitas suministradas por mis sobrinos cuando me besan y quieren estar conmigo “porque si”, sin ningún motivo aparente. O en sobres solubles individuales cuando todos los días a las siete de la mañana tu hermana te manda un WhatsApp preocupándose por ti. O en grandes dosis cuando me voy de casa rural y descubro que hay una “vessina” nueva en el vecindario, que está llena de energía, o en abrazos de mis amig@s de siempre que cruzan conmigo miradas cómplices diciéndome “sabes qué estamos ahí”.

Eso hace que no esté solo. Y nunca lo estaré. Tengo esa amistad. La AMISTAD. Con mayúsculas. De mis padres. De mi hermana. De mi cuñado. De mis sobrinos. De mis primos. De mis amigos. De… ¿sigo? Creo que tengo munición para rato. Así que no me rendiré. Continuaré con esta guerra hasta quedarme sin aliento.

Nuevamente os dejo otra foto, esta vez de la casa rural. Es el fuego de la chimenea… y de mi corazón.


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