Reyes Magos

6 en 2021 · 4 mins

Érase una vez que se era, hace ya tanto tiempo, tanto que se desvanece en mi recuerdo, una época en la que a los críos se nos clasificaba de otra manera.

Deportivamente hablando, independientemente de si te gustara o no el fútbol, tenías que ser, a la fuerza, del Barça o del Madrid.

De Colacao o de Nesquik.

De Bony, Tigretón, Pantera Rosa o de aquella deliciosa medianoche con la chocolatina en medio.

De Tulipán o de Mantequilla.

De Nocilla o de Pralín, olvídate de la Nutella, porque ni existía.

Y, como no podía ser menos, cuando llegaban estas épocas navideñas, tenías que ser de Olentzero, Papa Noel o de los Reyes Magos.

Todo eran conjuntos excluyentes: O estabas en uno o en otro, pero nunca en los demás, salvo pena de excomunión.

En aquel bombo de la lotería de la vida a mi hermana y a mí nos tocó ser “de los Reyes Magos”, así que esperábamos impacientes a poder estrenar nuestros juguetes, al final de las vacaciones, cuando ya muchos habían desgastado los suyos de tanto usarlos.

A decir la verdad, tampoco nos importaba demasiado.

Todos los días 6 de Enero, seguíamos el mismo ritual.

Nuestra madre nos ponía “de Domingo”, repeinándonos y vistiéndonos con nuestras mejores ropas.

Y, mientras mi padre farfullaba para sí que íbamos a llegar tarde, tomábamos atropelladamente el autobús que nos llevaba a Pamplona, y caminábamos unos cientos de metros hasta llegar a un cine, que ya no existe, y del que ya no recuerdo ni el nombre.

En aquel cine, abarrotado de gente, nos esperaban ellos, los Reyes Magos, para entregarnos nuestros regalos.

Pero antes, como si de grandes estrellas del Rock se tratasen, actuaban de teloneros “los Picapiedra”, en dibujos animados, año si, y año también.

Y, por fin, después de unos minutos de interminable espera, se abría el telón y aparecían Melchor, Gaspar y Baltasar, acompañados de sus numerosos pajes y de una montaña enorme de relucientes regalos.

Era, para que voy a negarlo, el paraíso de cualquier mocoso.

Había montañas de “Tentes” esperando a ser montados; flotas de camiones volquetes, esperando a ser llenados con los granos de arena de mi imaginación; muñecas de todo tipo, raza y aspecto.

Y, boquiabiertos, sin apenas salir de nuestro asombro, esperábamos, inmóviles y atentos, a escuchar la palabra clave “Hermanitos Liberal”, saliendo de los altavoces del cine.

Y saltábamos de nuestros asientos, todo nerviosos, siguiendo las indicaciones de los pajes hasta que nos sentaban en el regazo del rey que estaba disponible en ese momento.

No recuerdo muy bien lo que nos decían aquellos Reyes, sólo la luz fulgurante del flash, saliendo de la cámara fotográfica que inmortalizaría el recuerdo para siempre.

También he de confesar que era una época mágica, y en la que no te importaba lo más mínimo que Baltasar te dejara unas sospechosas marcas negras al besarte, o que tuviese un asombroso parecido con Cubelo, uno de los compañeros de trabajo de mi padre.

Para mí el 6 de Enero será siempre una fecha especial.

Con el tiempo aquellos Reyes se fueron convirtiendo en otros que me hicieron valorar más las cosas inmateriales, como el agradecimiento de la gente cuando das sin esperar recibir nada a cambio, o el amor, o la amistad, o la paciencia, o la esperanza, o la fuerza por seguir luchando.

Y por eso, sólo por eso, soy y seré “de los Reyes Magos”

Reyes Magos


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